El cuento de mi familia – volumen I

Había una vez, en una preciosa ciudad al borde del mar, una pequeña familia de tres, compuesta por un papá, una mamá y una perrita que se llamaba Jimena, que soñaban con convertirse en una gran familia.

Al papá y a la mamá de este cuento les encanta viajar, y fue precisamente cuando estaban en medio de un laaargo viaje, en un país muy lejano llamado Camboya, cuando tomaron una decisión que iba a cambiar su vida para siempre: cuando regresaran a España formarían una familia. Había llegado el momento.

En diciembre de 2012 aterrizaron por fin en Galicia, y dejaron pasar la Navidad con cierta emoción contenida, porque tenían un secreto que solo ellos dos conocían. ¿Serían sus últimas Navidades siendo solo tres? Incluso Jimena no palabra de mover el rabito emocionada. En cuanto llegó enero se fueron corriendo al médico. Tenían tantas TANTAS ganas de querer y dar amor que ya no se podían aguantar más.

Pero su felicidad duró poquito y, en un día muy triste, el médico le dio a mamá una noticia que no habían imaginado: como tenía un problema bastante grande en el corazón, no iba a poder quedarse embaraza, porque su vida, y la del bebé pequeñito, correrían bastante peligro.

La familia de tres se puso muy triste, y lloraron durante 80 días y 80 noches, porque no sabían cómo iban a hacer ahora para formar su preciosa familia. Incluso se fueron otra vez de viaje, porque a la mamá de este cuento viajar le alegra el corazón, para ver si se podían escapar de aquella tristeza tan grande que los perseguía y no los dejaba recuperar la sonrisa. Y Marruecos los acogió como una manta suave en un día de frío.

Por suerte, el destino es sabio, y otra de las médicas que miraron a mamá, que tampoco había podido quedarse embarazada, le dijo uno de aquellos días: Hay muchísimos niños en el mundo que no tienen la suerte de tener unos papás que los cuiden, pero id rápido a buscarlos, porque la espera es larga. Cuanto antes, mejor.

Mamá y papá se acordaron entonces de todos aquellos niños sin papás que habían visto en sus viajes por el mundo, con los que habían jugado tanto, a los que les habían comprado regalitos, comida y leche, esos niños que los habían acompañado en sus paseos por muchas ciudades… Y, en el fondo de su corazón, supieron que ese era el camino, que era el destino que tantos viajes les habían deparado. Que, simplemente, y sin saberlo, llevaban años preparándose para ello. Y que esa sería la forma maravillosa en que formarían su familia.

En ese momento, papá y mamá no podían ni imaginarse el rumbo que tomarían los acontecimientos. Mejor, porque se habrían caído de culo.

En unos poquitos días tuvieron la primera reunión en la Xunta de Galicia, en la que básicamente los informaron de lo complicadísimo, complicadísimo, complicadísimo que era todo. Papá y mamá salieron muy tristes de esa reunión. Quizás habían ido demasiado rápido, porque aún no tenían la tristeza bien curada y eso hacía que todo fuese más difícil para ellos.

Pero no desistieron y, al ritmo que les pedía el corazón, dieron el siguiente paso: un pequeño curso obligatorio de varios viernes que además coincidían en temporada de bodas. Recuerdan perfectamente ir al ultimo de ellos con el coche cargado hasta arriba para ir a montar una boda nada más terminar la sesión.

Aquel fue un verano muy difícil, en el que mamá se tenía que ir en medio de las bodas a llorar al coche.

En ese curso que hicieron les hablaron de muchas cosas, de muchísimas. Y se dieron cuenta de que no tenían ni la más remota idea de lo que suponía un proceso de adopción, ni de la vida de los niños adoptados al llegar a su nueva familia. Amor tenían a raudales, pero aprendieron que no bastaría solo con eso. Y se asustaron mucho. Y después de asustarse, decidieron que si tenían que aprender, aprenderían. Lo que fuese. Que lo harían todo. Que serían los mejores. Y que nada los iba a parar.

En ese curso aprendieron también que había la posibilidad de adoptar no solo a uno o dos niños, sino grupos más grandes de hermanitos. Nunca lo habían pensado. ¿Los tres hijos con los que siempre habían soñado, quizás? Les brillaban los ojos con una ilusión que era totalmente nueva. La funcionaria que impartía el curso lo mencionó de pasada, sin darle mucha importancia. El resto de las parejas tampoco parecían darle mucha importancia. Pero ellos ya no se lo podían quitar de la cabeza.

Ese día, cuando acabó la clase, se acercaron tímidamente a la profesora. Y le preguntaron. Ella los miró muy sorprendida. Incluso llamó a una compañera. La mamá y el papá de nuestro cuento eran muy jóvenes, jovencísimos, los más jóvenes de todas las parejas que estaban allí. ¿Y estos dos chavales les preguntaban por tres niños? “Bueno, sería un proceso muy rápido, eso seguro…” les dijo. “Pero si los requisitos para uno son complicados, para tres… Tenéis que demostrar muchas cosas para eso”.

Mamá y papá agacharon la cabeza y se fueron un poco apenados. El brillo se sus ojos ya se había apagado. Seguramente no lo conseguiremos nunca, se dijeron, mejor olvidarlo.

Pero una vez más, la suerte estaba de su parte y parecía que el universo estaba compinchado para que esta pequeña familia consiguiera el objetivo más importante de su vida.

Terminado el curso, era el momento de rellenar toda la documentación y hacer la solicitud formal. De país, de número de hijos, de ECAI. Y quiso el destino que en esos días invitasen a mamá a la inaugauración de una tienda en Coruña. Allí se encontró con alguien, un ángel, o una ángela más bien, llamada Rebeca, lo mejor que le pudo pasar en la vida. Una chica maravillosa que había adoptado a su primera niña en China, y estaba en proceso de la segunda. Era el 18 de junio de 2013.

Después de la fiesta fueron a tomar un café, y todo se volvió luminoso. Rebeca les dio muchas pautas, y volcó con ellos toda su experiencia. No solo hablaron de los pasos a seguir, sino de algo mucho más importante, de los sentimientos. Esta ángela le dijo a mamá las palabras más extrañas y más inteligentes que habréis escuchado nunca: “Yo me lo planteo como una ortodoncia. Te la ponen, y no sabes cuándo te la van a quitar. Sin prisa. Pero sabes que te la acabarán quitando, y que en ese momento tendrás una sonrisa preciosa”.

Rebeca no se imagina la cantidad de veces que ha pensado esta mamá del cuento en su ortodoncia, y en la tranquilidad enorme que le proporcionaba saber que sí, que se la quitarían en algún momento, que solo había que esperar. Y disfrutar la espera. Y hacer millones de cosas que luego no podrían hacer.

Ese ángel, además, le dio a mamá y a papá una clave que marcaría su historia: un nombre: Mamen, y una Ecai, ADECOP. Allí se fueron de cabeza, sin pensar ni una sola alternativa. Las ECAIS, para quien no lo sepa, son las agencias oficiales que hacen de intermediarias entre el país de adopción y las familias.

Le hablaron a Mamen de muchas cosas, y se sintieron tan a gusto con ella que hasta se atrevieron a contarle también su idea de los tres hermanitos, ese plan que creían tan imposible y lejano. La respuesta de Mamen fue sorprendente para ellos. “Claro que sí”, les dijo con total tranquilidad, sin escandalizarse ni un segundo, “¿por qué no? Os voy a dar el contacto de una familia que ha adoptado a cuatro niños, para que los conozcáis y os cuenten”.

Maravillosa Mamen. Y menudo empujoncito (o empujonazo) que lo cambió todo. Porque después de quedar con estos fantásticos papás del corazón de cuatro, y con otra mamá de tres, ya lo vieron claro. Tan claro que ya no entendían por qué no había sido su única opción desde el principio.

Aunque mamá estaba un poco preocupada por una cosa. Le habían dicho que adoptar a tres niños sería muy rápido, no había lista de espera oficial, solo había que esperar a que llegase la familia adecuada. ¿Y si en realidad se estaban cegando por el concepto de “rápido” y en realidad no querían tres a la vez? De uno en uno sí, pero… ¿a la vez? Tenían tantas ganas y tanta prisa por querer…

¿Y si tardasen lo mismo uno que  tres? ¿Si no tuvierais miedo, qué haríais?, les preguntó uno de estos papás a los que conocieron. Y no hizo falta darle una respuesta.

Se fueron a casa y cubrieron sus papeles. ¡Estaba tan claro! Grupo de tres hermanos, Colombia, ADECOP. Y se pusieron a recopilar tooodo el resto de información que les pedían. Informes médicos, entrevistas, partidas de nacimiento y de matrimonio, declaración de la renta…

Repasaron una y mil veces los papeles, y cuando por fin lo reunieron todo, se fueron corriendo a la Xunta a entregarlos. Era 31 de julio de 2013, el día de su tercer aniversario de boda. Habían pasado unos 6 meses desde que el médico les había dado aquella noticia. Y todo estaba más del revés que nunca.

Era tan bonito, tan emocionante, tan ilusionante, tenían tantas ganas de hacerlo, estaban tan seguros, y a la vez… esa tristeza como una mancha pegajosa que se resistía a marcharse, y que los hacía sentir culpables, como si la adopción fuese un tonto plan B, un premio de consuelo, ¡por qué puñetas tenían que seguir tan tristes!

Era ahora cuando oficialmente empezaba todo el proceso. Aunque para ellos hubiera empezado mucho antes.

Les dijeron que tendrían noticias en unos 4 meses, pero estaban tan ocuapados que se les pasaron volando.

Aprovecharon para buscar una nueva casa en la que cupieran todos, y encontraron la casa perfecta, con un montón de habitaciones y dos salones, uno de los cuales utilizarían como oficina. Mamá tenía una oficina preciosa fuera de casa, pero no le importó nada dejarla.

También aprovecharon estos meses para estudiar y aprender. Se compraron todos los libros acerca de la adopción que cayeron en sus manos y leyeron todo lo que encontraban en internet. Tenían la necesidad de saber más y más, de saberlo todo, de sentirse preparados, de llegar a comprender el corazón y la cabecita de esos niños que llegan, solos, con una enorme mochila de vivencias, a un país extraño al que no quieren ir, con unos señores extraños a los que no quieren ni ver, en muchos casos. El mínimo de edad en una adopción de tres hermanos era de 0 a 7 años. Con 7 años no eres un bebé, te acuerdas de todo. Tenían que formarse bien.

Echaron cuentas, septiembre, octubre, noviembre y diciembre… tal vez para Navidad ya tendrían una respuesta. Así que, con la inconsciencia que los caracteriza, decidieron comprarse los billetes para irse un mes de viaje por Centroamérica desde mediados de enero a mediados de febrero. Si la respuesta era buena, lo celebrarían bailado calypso en Costa Rica. Si era mala, necesitarían un buen viaje que hiciese el duelo más llevadero.

¿Qué podía fallar? pensaron con cierto grado de estupidez humana. En ese momento aún no habían aprendido que las cosas de palacio van despacio, y en las administraciones públicas, aún mucho más despacio.

De esta época, los papás del cuento recuerdan sobre todo los millones de sentimientos encontrados. Por una parte, se imaginaban perfectamente a toda la familia desayunando junta los fines de semana en una gran mesa, muertos de risa, todos en pijama, con Jimena a sus pies poniendo ojitos y suplicando comida. Se veían con las bicis en el paseo marítimo, se veían en la bañera jugando con el agua, se veían paseando por la playa y saltando las olas… se veían TAN felices.

Por otra parte, se obligaban a bajar a la realidad. Ni siquiera tenían la idoneidad. Estaban escarmentados de la otra vez, no querían hacerse ilusiones con algo que igual no pasaría nunca, y volver a sufrir tanto.

Pasó diciembre, y pasó la Navidad, y pasó la Nochevieja, y de pronto estaban en 2014. Llamaron varias veces a la Xunta, por si acaso su expediente se hubiera perdido por el camino. Pero no, allí estaba, pendiente de revisión. Cuando solo faltaba una semana para irse de viaje, por fin los llamaron. Mamá estaba que se subía por las paredes. Pero no quisieron aplazar el viaje. Se irían de vacaciones, era su mes de descanso, y se enfrentarían a lo que fuese a la vuelta. Les vendría fenomenal descansar y volver con las pilas cargadas.

Menos mal que se fueron. A veces, la mamá del cuento cree que si hubieran ido directamente a la entrevista, los habrían visto tan agotados que les hubieran dado con la puerta en las narices.

Costa Rica, Nicaragua, Guatemala, Honduras. Volcanes, selvas, playas, adorables ciudades coloniales, ruinas mayas, mercadillos, gente maravillosa y niños con miradas que ponen nudos en la garganta… y como siempre, la sensación de que las cosas pasan por algo, de que nada nunca es tan grave, de que tenemos que elegir vivir con toda la intensidad posible y cierto grado de improvisación e inconsciencia, dejando a un lado los miedos y las inseguridades. El miedo es el principal enemigo de la felicidad, lo tenían claro. Qué bien les sentaba viajar para volver a poner las cosas en su sitio.

Volvieron de su viaje el 13 de febrero, y los habían citado para el 18 para la primera entrevista. Al menos estaban descansados, morenitos y guapos. Además, estaban seguros de que tendrían suerte. Porque ese mismo día, el 18 de febrero, era la ceremonia de entrega a Rebeca y su marido de su segunda hija, Ana. Era una señal, ambas estaban convencidas.

[CONTINUARÁ…]

 

 

 

 

Beatriz

Me caen unos lagrimones así de gordos. Aunque [te sigo y admiro en la distancia y en silencio y nunca me había pronunciado] conozco la parte “pública” del desenlace, estoy deseando que llegue la segunda entrega.
Indara, me quedo con que “tenemos que elegir vivir con toda la intensidad posible y cierto grado de improvisación e inconsciencia”, ésa debería ser la clave que muchas veces se nos olvida.
Un fuerte abrazo, felices primeros seis meses juntos ¡y feliz Navidad! :)
Beatriz

Eraime

Aunque ya sé como acaba la historia, me has hecho llorar.
Deseando leer el desenlace.
Enhorabuena por tu familia preciosa.
Os deseo mucha salud y amor para estas fiestas a los seis!

Natalia

Es precioso, Indara. Creo que ya nunca daremos el paso de la adopción, pero desde siempre ha sido algo que me habría gustado hacer. Y me gusta mucho que lo cuentes todo, incluido todo el proceso de burocracia que da la sensación de que debe de ser frustrante.
Enhorabuena por esa familia preciosa que tenéis, seguro que estas fiestas serán superespeciales.
Estoy deseando seguir leyendo!
Besos gordos.

Qué lindo este cuento! Hoy no me puedo marchar de tu blog sin escribirte… una historia y una familia re-bonita, qué valientes! Aunque no nos conocemos, parece que cuando abres de esta manera tu corazón, te conociese de toda la vida.
Feliz naVIDAd!!! Mil besiños para toda la family! ;)

ISABEL

¡Vaya historia! Por favor, pon la siguiente parte ya, no puedo dejar de leerla. Eres grande. Besos y Feliz Navidad para ti y tu familia de cuento.

Barbara

Esto continúa…y sabemos como acaba,pero aun así mis lágrimas ahora mismo llenarían una piscina olímpica…
El mejor cuento del mundo Indara….
Deseando seguir leyendo. Un beso enorme, y a disfrutar de la primera Navidad juntos!!!

M

Gracias por este precioso regalo de Navidad, Indara!

Un abrazo

Begoña

Esperaba ansiosa este cuento. Conocemos la parte pública de tu historia pero mi pareja y yo también conocemos el miedo ,la espera la desesperación de la espera ,las trabas burocráticas ….. Pero el final del cuento es conseguir una familia ,ser felices ( otras veces menos ) y comer perdices. Nosotros tenemos a un precioso niño chino que nos alegra el alma . Esperamos ansiosos la segunda parte…. Felicidades.

Gracias por compartir esto. Os admiro mucho. Estas serán las navidades más felices. Un abrazo

Muchas gracias por contar tu experiencia porque nunca sabes lo que te vas a encontrar en ese momento. Mi caso es que hasta que no nos pongamos a ello, no sabemos si podremos tener o no hijos y eso es un problema porque el tiempo corre, pero bueno siempre hay un Plan B que nunca se piensa y que es maravilloso. Seguiré tus próximos Posts. Enhorabuena por la familia y Feliz navidad

Olalla

Cuantos lagrimones y sonrisas me ha sacado tu cuento… Y como aun siendo diferentes nuestras historias, me he sentido tan identificada en ese tener tanto amor por una familia que existe en tus sueños y cuesta tanto conseguir. Aqui tambien un papa y una mama (y un hijito peludo-Teo) a puntito de, por fin y despues de mas de 2 años de muchas tristezas, conseguir su familia maravillosa.
Y cuantos somos sin saberlo…. Por eso tenia que darte las gracias por tu cuento, me servira de inspiracion para escribir el mio ☺️
Os deseo de corazón toda la felicidad del mundo y por supuesto una muy Feliz Navidad!!!

Noelia

Hacía mucho que no leía un cuento tan precioso. Gracias por compartirlo con tu familia amarilla :_) Un beso enorme, Indara. Y Feliz Navidad…

Ana

Gracias, por compartir este cuento con todas/os…yo se que ese es mi destino desde hace tiempo…pero no sé muy bien que me frena…deseando seguir leyendo. Feliz Navidad de 6 en villamarilla!

Un beso, Ana.

María

Papá Noel ha llegado con tu historia. Gracias por compartirla y…deseando que publiques volumen II.
Un beso

S

GRACIAS INDARA!!!!!! gracias por compartir vuestra maravillosa-complicada-emocionante-inspiradora historia con nosotros!!!! Me encuentro en un punto de mi vida en el que me identifico con el principio de tu historia y no sabes como me ayuda leerte!!!! Viva la vida, el liarse la manta a la cabeza y la valentía!!! Sí señora!!!!!!!!

Isabel bestilleiro

Único!!. Maravilloso cuento…real.
Os deseo toda la felicidad. besos

mercedes cabeza

Gracias por compartir una maravillosa historia de valentía y AMOR, de una forma tan bonita. Estoy deseando leer el siguiente capítulo.
Un abrazo enorme para una GRAN familia.

Len

Tengo la caja de kleenex vacía…. que bien lo cuentas… deseando la segunda parte ya¡¡¡¡

Gracias por compartir esta historia maravillosa…

Bicos.

Bueno, te lo dije en persona y te lo repito aquí, Chapeu! Es la historia más bonita del mundo mundial y estoy segura de que vendrán muchos días de risas y sonrisas con tus pitiños, ellos son muy lindos y vosotros más. Tengo además la suerte de conocer a ese ángel llamado Rebeca y a sus dos preciosuras y se les ve tan felices!!! Lo mismo la familia amarilla!! Un bico.

¿Cuántas Indaras hacen falta para que el mundo vuelva a creer en la gracia de la vida? Gracias por inspirarnos, porque si algo tengo claro es que cuando pueda, yo misma también contaré un cuento como el tuyo. ¡Ojalá pueda compartirlo pronto!

Muy emotivo!!! Deseando conocer la segunda parte de la historia.

http://www.elperiodicodetudia.com

marta

He llegado por casualidad a la web y acabo de leer el post… no tengo palabras. espero poder leer pronto el desenlace y que sea feliz, muy feliz :)

http://www.elperiodicodetudia.com

Laia

Madre mia! He estado enganchada al post sin poder para de leer…
Como mama que un dia penso que no podria serlo te he entendido perfectamente! Deseando leer mas de esta historia y espero que cuento con final feliz!
Es una historia contada con tanto amor que lo transmites!

Tu email es privado y nadie podrá verlo. Los campos con asterisco con obligatorios *

*

*